La clase media no existe, es un concepto estrictamente ideológico

La gente que se identifica como “clase media” suelen ser personas ideológicamente moderadas, tibias y ambiguas en su pensamiento político. Tienen intuiciones políticas liberales, y a veces cierta sensibilidad social. Siempre buscan ponerse en medio porque creen que están en medio de la sociedad (no arriba, ni abajo de la pirámide social). Sin embargo, no se dan cuenta de que la clase media no existe.

La clase media es una mera invención ideológica, es una categoría que genera una apariencia de estar en medio (“no soy rico ni pobre, soy clase media”), eso es una ilusión. En el capitalismo hay desigualdad social, polarización y antagonismos, donde la pobreza es, en realidad, un fenómeno social relativo (se es pobre siempre en relación a algo, no pobre a nivel absoluto).

Estar “en medio” es algo falso, por ejemplo: Ricardo Anaya (élite por excelencia) ganaba 400 mil pesos al mes (quizá más por medio de su corrupción). Estar en medio sería ganar 200 mil pesos al mes; sin embargo, hay gente que gana entre 12 y 30 mil pesos al mes y siente que está en medio. Eso es incorrecto. Si vemos desde el punto de vista de la pirámide social en su conjunto, esos “clasemedieros” están más cerca de estar “abajo” que “arriba”.

 

Pero el problema es que la clase media se suele engañar así misma. Se suelen identificar más con los de arriba que con los de abajo. Muchos se indignan porque el gobierno no quiere hacer rescates de altos empresarios, o porque les aumenta impuestos, o porque les cancela sus proyectos (como el NAICM), y sus negocios corruptos (cancelación de los fideicomisos que se prestaron a malos manejos de recursos públicos). Pero esos mismos que se indignan porque el Gobierno en turno no satisface los intereses materiales de otros (no de ellos), no buscan promover ingresos básicos universales para todos (especialmente para los más vulnerables).

La clase media debe tener claro que, pese a ganar entre 12 o 30 mil pesos al mes son, en realidad, trabajadores asalariados (o autoempleados).

Los intereses materiales de la llamada clase media suelen estar contrapuestos a los intereses de los altos empresarios: desde el tema de derechos laborales hasta la defensa del acceso a bienes y servicios públicos (como la salud, la educación, el transporte, la cultura, el ocio). El acceso a bienes públicos se contrapone a quienes quieren privatizarlo. El interés material de la clase media (y de todos los trabajadores) es tener un sistema de salud público eficiente al que todos podamos tener acceso. No es interés material de la clase media (y de los trabajadores en su conjunto) tener sistemas de salud privatizados que no garantizan el acceso a la salud de todos los ciudadanos.

En Chile y Estados Unidos esto es clarísimo: sus sistemas de salud privatizados no satisfacen los intereses materiales de sus ciudadanos, ni en la presente pandemia, ni en años atrás con enfermedades crónicas. De ahí que en ambos países haya un enorme hartazgo que, al menos en Chile, ya llevó al inicio del derrumbe de su sistema neoliberal donde lo privatizaron todo.

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Tener consciencia de clase es, como ahora está pasando en Chile, salir a las calles y exigir cambios constitucionales que lleven a la formación de un nuevo estado de bienestar. Es defender sistemas de salud públicos bien estructurados, eficientes y eficaces. No tener consciencia de clase es defender sistemas de salud privatizados (o votar por gobiernos que buscan desmantelar los sistemas de salud existentes para luego privatizarlos), o votar en favor de la continuidad de la constitución neoliberal de Pinochet en Chile.

La categoría de clase media es, de fondo, una categoría ideológica que da cuenta de las aspiraciones materiales de un sector de la clase trabajadora (y de pequeños empresarios) que no viven tan mal; pero ese sector suele despertar de su sueño aspiracional en momentos de crisis económicas: cuando pierden el empleo, cuando les embargan sus casas, cuando sus pequeños negocios quiebran, cuando no tienen dinero para comprar medicinas, en suma, cuando se dan cuenta que ellos, frente al capital, no son nada.

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Ese sector suele despertar del sueño aspiracional en momentos dramáticos, sólo para darse cuenta de que su verdadera condición social, precaria y vulnerable, es una auténtica pesadilla en el capitalismo neoliberal. Y justo esto es lo que acaba de pasar en Chile, donde las inesperadas protestas de hace un año mostraron que detrás del “oasis latinoamericano” había pura desigualdad e injusticia social. Fueron protestas que se generalizaron en todo Chile, que fueron muy intensas y que puso en el centro del debate el carácter caduco e inviable de un sistema económico basado en el libre mercado.

La “clase media chilena” en realidad era un sector endeudado, sin propiedades y que tenía que vivir al día; un sector aspiracional que, después de décadas de engaños y autoengaños, despertó. Despertaron llenos de furia, buscaron tomar el cielo por asalto, rebautizaron la plaza Italia de Santiago como la plaza de la dignidad (para que la dignidad de vuelva costumbre) y al final obligó al gobierno a realizar un plebiscito donde se aprobó, con 80% del total de votos, el cambio de Constitución y la formación de un nuevo Constituyente. Chile despertó porque la llamada “clase media” despertó, y se dieron cuenta, que en realidad, no estaban “en medio”, sino que estaban abajo en la base de la pirámide social. Y este despertar los llevó a entender que la defensa de sus intereses materiales de clase requiere de cambios sistémicos. Ahí vemos que los sectores desclasados también pueden
adquirir consciencia de clase.

 
Josafat Hernández
Josafat Hernández
Economista y filósofo. Marxista-gramsciano. Apoyo crítico 4T.

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