Las vallas de la 4T

¿Por qué el movimiento político social más grande en la historia nacional, siendo tan sensible a las causas del pueblo, no logra comprender y acompañar la digna lucha del movimiento feminista? ¿Qué tuvo que suceder, que ahora está faltando, para que AMLO se sensibilizara con la agenda LGBTTTI? ¿Por qué la 4T enfoca más sus energías hacia la infiltración de la derecha que hacia la posibilidad de colaborar con el movimiento feminista para buscar soluciones conjuntas? 

 

El Movimiento de Regeneración Nacional tiene desde su fundación una convicción transformadora e institucional y se mueve alrededor de una agenda programática, no de intereses. Lo cual, para avanzar en el complejo sistema de partidos, era una ventaja: AMLO llega a la candidatura presidencial en 2018 gracias a su trabajo y convocatoria, llega a la competencia electoral sin amarres y con la capacidad de negociar ampliamente con la convicción de que la corrupción es el origen de la desigualdad y de la profunda y dolorosa crisis humanitaria que vivimos en México. En dicha coyuntura, Andrés Manuel sabía que hacer acuerdos con personajes que se supieron acomodar dentro de aquél sistema en descomposición, pero que no habían sido los grandes beneficiarios ni planificadores, era la única estrategia que lo haría realmente competitivo. Porque una cosa es tener la simpatía masiva de la población, lo cual le garantizaba tener muchos votos, pero otra cosa era tener la estructura capacitada e identificada que cuidara los votos de la gente; cosa que la izquierda jamás había logrado a lo largo y ancho del país. 

La democracia liberal, reducida a partidocracia, hace imposible que un liderazgo popular acceda al poder solo con su agenda y trabajo de base. Si no tiene estructuras profesionalizadas de defensa del voto, no gana ni su colonia, y para el Movimiento Regeneración Nacional era (sigue siendo) fundamental tomar el poder político. Esto para implementar las políticas que acerquen a nuestro país a un auténtico Estado de derecho y de bienestar que redistribuya el presupuesto para paliar lo más posible las consecuencias del sistema económico neoliberal. Un sistema global ya tan arraigado en nuestro país que no basta un sexenio para desterrarlo. Por eso Andrés Manuel, con la gran inteligencia política que le caracteriza, una vez garantizado el arribo de actores y actoras políticas que representan agendas necesarias para consolidar la Cuarta Transformación Nacional, empezó a negociar con aquellos otros que le sumaban estructuras. Aunque programáticamente y en la práctica cotidiana la coincidencia no era absoluta, la condición a todos ellos al sumarse a este proyecto es que a partir de ese momento, no van a robar, no van a mentir respecto a que no robaron (es decir que si se les investiga por robos o fraudes del pasado tendrán que esclarecer su situación) y no van a traicionar al pueblo robando.

Andrés Manuel es un dirigente político fuera de serie. De esos que surgen una vez cada dos o tres generaciones. Su arraigo popular, su capacidad de leer los tiempos políticos y de sobreponerse a la derrota, recular el camino y sacar el mejor resultado para la causa de la 4T es algo de lo que se hablará por mucho tiempo. Supo sacar lo mejor de la lucha contra el huachicol, así como lidiar con una figura tan prepotente e impredecible como Trump y aún así fue el primero en colocar el principio de no intervención en asuntos internos de otros países en el intento de imposición de Juan Güaidó y el rescate del ex Presidente Evo Morales, al cual le salvó la vida, luego del golpe de estado en Bolivia. También fue el primer mandatario que planteó ante el G20 y la ONU la necesidad de garantizar equidad en el reparto de vacunas; tema que generó el más amplio consenso a nivel internacional. Incluso es el único presidente del continente que ha tenido la capacidad de negociar vacunas con absolutamente todos los países y farmacéuticas (que tienen, cada una de ellas, más poder y dinero que la gran mayoría de países del mundo), sus capacidades y alcances están a la vista, literalmente, de todo el mundo.

Pero Andrés Manuel López Obrador como persona es sin duda un hombre de su tiempo y está claro que si hay una agenda en la que no ha profundizado es en la del movimiento feminista, al que ve, oye, incluso se acerca con curiosidad (cosa que demostró cuando confesó que tuvo que consultar con Beatriz Gutiérrez, su esposa, es decir, en el contexto de un momento personal, qué era el pacto patriarcal), pero no termina por comprender. Y si él es un hombre de sus tiempos, MORENA es una estructura que refleja la amplia pluralidad de nuestra sociedad: eso incluye sus prácticas, credos, motivaciones, prácticas machistas, debates sociales y, por lo tanto, desacuerdos populares. 

Factor aparte es el de las coaliciones con las que se acuerda para resolver una necesidad específica: resulta que la mayoría legislativa que tiene MORENA no es suficiente para las grandes reformas constitucionales que se requieren para abrir candados que nos impusieron los neoliberales antes de irse. Por lo tanto estos acuerdos son indispensables. El costo de hacer una transformación pacífica y democrática es que cada movimiento debe contar con un proceso de negociación con otros poderes, otras estructuras y liderazgos que están parcialmente de acuerdo en algunos puntos de la agenda; una vez más se impone la necesidad de acordar en torno al consenso básico de hacer los cambios necesarios para generar condiciones mínimas para que haya democracia y se serene al país bajo la tutela programática del Presidente de la República. Nada descabellado, ¿no? El partido que surge para impulsar una transformación pacífica, bajo convocatoria de AMLO es el que busca generar las condiciones para que el movimiento se consolide. 

Garantizar la efectividad en política es indispensable; mantener el equilibrio entre la efectividad y los principios es vital. Cuando este equilibrio se pierde la práctica política pierde su sentido transformador y deviene en pragmatismo ramplón. Andrés Manuel lo sabe y por eso insiste mucho en cuáles son, desde su punto de vista, los límites de los acuerdos. “Yo no soy tapadera de nadie”, ha dicho para esclarecer que no meterá las manos por nadie que cometa actos de corrupción que dañen el patrimonio del Estado, pero queda claro que, incluso a un dirigente de su tamaño, se le escapan elementos formativos que hoy son indispensables para pensar en una transformación profunda de la sociedad. 

Y es que si bien la 4T ha implementado en su gestión pública elementos importantes de la agenda feminista, cada vez es más evidente su carencia de perspectiva de género que ayude a comprender que la violencia feminicida, aunque se profundizó con la crisis neoliberal, no se resuelve solamente combatiendo la pobreza. Carecer de este enfoque también nos impide comprender que así como nosotras y nosotros hicimos alianzas con ciertos sectores de la derecha para lograr la Presidencia de la República, las posibles víctimas de violencia de género, al no tener suficiente resonancia dentro de la 4T y conscientes de que su victimario es alguien que ya tiene mucho poder y podría adquirir más si es gobernador gracias a MORENA, deciden hacer alianzas con nuestros opositores para buscar justicia. 

Si nuestro movimiento tuviera mayor sensibilidad al grito de rabia del feminismo, entendería que el “hermana yo te creo” es un mensaje de sororidad a las víctimas silenciadas por todo un sistema de opresión, jamás un pacto de impunidad como los muchos que se crean cotidianamente en el patriarcado. 

Mucho se ha hablado de la vehemencia con la que el movimiento feminista reivindica sus causas y banderas, o de los grupos de derecha que abrieron sus velas esperanzados a que la potencia del grito feminista los regrese a Palacio Nacional, pero nada o casi nada se ha dicho de las capacidades de organización, comunicación y sobre todo movilización del movimiento feminista que se sostiene única y exclusivamente de una demanda concreta: no más violencias de género. El movimiento feminista ha tenido que resistir, defenderse, avasallar en las calles, negociar (como lo hicieron con la compañera Claudia Sheinbaum), y también han tenido que adaptarse a cambios políticos tan vertiginosos: desde la imposición de Calderón, quién inició una guerra donde ellas fueron las principales víctimas, hasta el arribo esperanzador de un líder que promete poner en el centro de las prioridades a esas mismas víctimas. El feminismo, contrario a lo que pensábamos, ha podido mantener su vigencia y capacidad de influencia a pesar de la pandemia, la cual en teoría significaba desmovilización.

En el partido MORENA hay compañeras que cotidianamente y desde la fundación, han dado la batalla para que la agenda feminista sea parte de los grandes consensos de la 4T. Este esfuerzo ha tenido logros fundamentales como el hecho de que gabinetes y candidaturas hayan sido paritarias desde la primera elección. Legislativamente las diputadas locales, federales y senadoras han impulsado esta agenda, pero se han encontrado con la resistencia, dentro del partido y dentro de la alianza, porque, como ya dije, MORENA representa también los disensos populares, y pocos temas generan más desacuerdos populares que los temas más sensibles de la agenda feminista.  

Sobre la actitud oportunista de la derecha sólo diré que son tan misóginos y miopes que creen que las feministas no se enteran que debajo del disfraz de ovejas sensibles y sorales hay un monstruo misógino y desesperado por volver al poder, el cual para destrozar los avances de la 4T no tendría ningún reparo en volver a afectar, en primera instancia, a las mujeres. 

El gran error que estamos cometiendo en la Cuarta Transformación Nacional es no comprender que el movimiento feminista no es una organización política y por lo tanto no tiene una interlocución oficial, ni políticas de alianzas. El movimiento feminista es sobre todo una agenda social que se comunica cotidianamente y se moviliza cuando los niveles de hartazgo lo ameritan. No estamos entendiendo que a las feministas no les interesa quién es la abogada de la o las presuntas víctimas de Salgado Macedonio, sino que haya un juicio lo más justo y, por lo tanto, equitativo posible. Esto porque es lo justo para las presuntas víctimas, pero también porque, cada que el Presidente o el movimiento ponemos en el centro de la discusión el oportunismo de la derecha y no a la posible víctima, se refuerza la narrativa machista y misógina de las “denuncias falsas”, restándole credibilidad a una de las causas más importantes del feminismo.

La molestia que generan las vallas instaladas en el Centro Histórico para recibir a la marcha del 8M no se debe  a que el Gobierno de la Ciudad de México esté rompiendo la legalidad, sino porque las vallas son el reflejo de la incapacidad de la 4T, en su conjunto, para llegar a consensos mínimos con este otro movimiento de transformación nacional, tan pacífico e institucional como se lo permitan. 

Pero no todo está perdido. Al contrario, las crisis ayudan a profundizar los procesos, y ahora mismo el movimiento por la Cuarta Transformación Nacional tiene una oportunidad de oro: estamos a punto de gobernar casi 20 estados de la república, unos 500 municipios en todo el país, sostendremos la mayoría legislativa en las cámaras federal y locales. Con todos estos logros podríamos colaborar con el movimiento feminista para construir los consensos necesarios para reducir las distintas brechas de desigualdad. Ya hay ejemplos de que cuando se construyen puentes se avanza más. Por ejemplo: en los últimos meses la Ciudad de México ha logrado reducir 8% la violencia feminicida. Así es, en plena pandemia, mientras la tendencia global es el aumento de la violencia de género y contra las infancias, el Gobierno de la Ciudad de México y el movimiento feminista lograron una significativa reducción en los feminicidios. 

En pleno conflicto por la posible candidatura de Félix Salgado, quienes más han padecido la presión y violencia de la oposición son las compañeras feministas que abiertamente militan en MORENA. Y es que pareciera que, entre algunas feministas y algunos obradoristas, no se vale construir dobles militancias tratando de armonizar ambos esfuerzos. Para ciertas personas o se es puro o no se es, se está absolutamente de acuerdo o no se está. Al final de cuentas la cultura política mexicana es tan transversal como el patriarcado. 

Eder Guevara
Eder Guevara
Militante de la Cuarta Transformación Nacional.

Comentarios

  1. Expresas tan claro el sentir de muchas de nosotras, a favor de la 4T pero fervientemente feministas, excelente artículo. 👌🏻

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