La iniciativa del presidente López Obrador de enjuiciar a los expresidentes ha surtido los efectos esperados: por un lado abrió un debate popular en torno a los crímenes del pasado, los grandes crímenes que afectaron masivamente a todos los sectores poblacionales (FOBAPROA, la devaluación del peso, la corrupción, las privatizaciones, la guerra con el narco iniciada por Calderón), y también los crímenes que generaron víctimas más directas pero que moralmente nos deberían interpelar y afectar a todas y todos (Aguas Blancas, Atenco, Ayotzinapa, los feminicidios, las personas desaparecidas, las fosas clandestinas, la trata de personas con distintos fines, el desplazamiento de comunidades enteras y un largo y doloroso etcétera). 

Producto de este debate, distintos sectores tuvieron que tomar partido, el EZLN, por ejemplo, llamó a participar libremente en la Consulta Popular y también en la solidaridad con las víctimas, que incluso si alguien no quería salir a votar en la consulta, que al menos tenga la empatía y solidaridad de forma directa hacia las víctimas de los crímenes del pasado. Ellas y ellos como colectividad participarán de forma extemporánea en la Consulta, como lo marcan sus usos y costumbres, su postura será decidida en asamblea comunitaria. 

Muchas organizaciones, activistas, abajo firmantes de la postura de la progresía conservadora, dicen que sí a la Consulta y que sí a la pregunta de la SCJN y no a lo que ellos llaman “la simulación del #JuicioaExpresidentes” que impulsa el movimiento de la Cuarta Transformación y que fue el detonante de todo este proceso que verá cristalizada la iniciativa este primero de agosto. 

Los expresidentes argumentan que la consulta es una farsa, que ellos no tienen nada que ocultar, que la justicia no se consulta, que estamos viviendo una dictadura plebiscitaria, y sí, están horrorizados porque hoy en México es el pueblo el que manda, les preocupa mucho que esa “farsa” deje de manifiesto el repudio popular a todas sus atrocidades. 

La Consulta Popular va y sentará precedente importante, pero ¿qué pasará después de la consulta?  Primero se tendrá que hacer una meticulosa revisión de los pro y contras que tuvo esta consulta, ¿qué papel jugó el INE como organizador?, ¿los requisitos para que se realice una consulta son accesibles para la gente?, ¿el piso mínimo para hacerla vinculante (40% del padrón electoral) es viable?, ¿si participan 15 de las 37 millones de personas y el resultado es abrumador a favor de una de las preguntas, no hay ahí un claro mandato popular?. 

¿Qué sigue luego de la Consulta Popular? Sigue mantener vivo el debate, profundizando no sólo en los daños que nos hicieron cada una de las decisiones de los expresidentes impulsores del voraz proyecto neoliberal, sino también en los vacíos que el Poder Judicial tiene y que han permitido construir este manto de impunidad. 

Sigue que obliguemos a todas las instituciones del Estado mexicano, es decir a los tres poderes, en los tres niveles de gobierno, a atender la exigencia de justicia, verdad, reparación del daño y garantía de no repetición. Y nos toca prepararnos para la siguiente consulta, la de ratificación del mandato del Presidente López Obrador, porque en esa sí o sí la derecha va a participar. 

El reclamo de justicia es profundo, es legítimo y es popular, que esta agenda no vuelva a salir del debate público nunca jamás porque ensangrentar al país, empobrecer al pueblo, asesinar a las juventudes y mujeres, no debería quedar impune.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí