Algunos retos que tendrá que enfrentar la “Guía ética para la transformación de México”

El pasado jueves 26 de noviembre, el Presidente de México, Andres Manuel López Obrador, presentó la “Guía ética para la transformación de México” en conferencia de prensa en la mañanera. La guía fue producto del trabajo de algunos especialistas que estuvieron realizando algunas consultas a otros sectores de la sociedad; es una versión actualizada de la “Cartilla Moral” de Alfonso Reyes, publicada en 1944 en un contexto de campaña de alfabetización. Ahora, quizá lo que puede estar en ciernes es el inicio de una campaña que busque revertir la decadencia moral de la sociedad.

La guía es corta, tiene treinta y cuatro páginas, que consta de una presentación y veinte principios ético-morales. No está dirigido a las escuelas. No sustituye los libros de enseñanza del civismo. La guía más bien está orientada a los adultos para que ellos la lean y compartan con sus familias las reflexiones morales que se vayan suscitando.

Hay polémicas sobre qué tanto el Gobierno tiene o no facultades para decir qué se considera moral y qué inmoral. Sin embargo, me parece que lo “moral o inmoral”, en cierto sentido ya está corporalizado en las leyes. Los códigos civiles llevan implícita una moral que norma ya de manera jurídica cómo las personas deberían interactuar entre sí. Y si los comportamientos no son los adecuados, se hacen castigos. En cierto sentido los gobiernos ya se posicionan a nivel ético sobre qué moral proyectan al conjunto de la sociedad cuando hacen sus tareas legislativas de promoción de ciertas leyes. Por ejemplo, pueden promover una moral reaccionaria o progresista en materia de matrimonio igualitario (matrimono entre personas del mismo sexo) y al derecho a decidir (como el tema del aborto); tener una moral ecológicamente responsable y no antropocéntrica al atribuir derechos a la naturaleza. O tener una concepción liberal o socialista en temas de género. El punto es que los Gobiernos, en cierto sentido, sí nos han dicho que es moral o inmoral tanto en las leyes que promueven como en sus discursos y actos cotidianos.

Todo gobierno está sujeto a los antagonismos sociales, de clase, de género, étnico raciales, etc., y con ello, su visión normativa se moldea según el contexto histórico, las prácticas sociales dominantes y la correlación de fuerza entre los diferentes sectores de la sociedad. 

Para mi el problema de fondo no es que el Gobierno diga o no qué es moral-inmoral, eso ya lo hacen todos al estar socialmente situados en un espacio de diferencias y antagonismos. No hay neutralidad a nivel moral.

Para mí son dos los problemas de fondo; el primero es relacionado a los contenidos, y el segundo al contexto social donde se estará difundiendo la guía. En el primer punto hay que remarcar que la guía tiene principios cuestionables que requieren de una crítica para que se revise, como el tema del perdón. “Pide perdón si actuaste mal y otorgalo si fuiste víctima de maltrato, agresión o abuso o violencia, que así permitirás la liberación de la culpa de quien te ofendió” (pág 14). Esto es éticamente inaceptable, porque los abusos, el maltrato, la violencia y la agresión no se deben olvidar. Bien dicen cada 2 de octubre para recordar a los caídos en 1968: ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos. A los responsables de ese (y otros crímenes) no se les debe perdonar jamás. Es éticamente equivocado “perdonar” a personajes siniestros, porque ellos seguirán haciendo el mal. Y otros pagarán en el futuro los “perdones” del presente.

Si bien la guía contiene algunos elementos que pueden criticar la tendencia hacia la mercantilización, esto es insuficiente; la decadencia moral no es un efecto del neoliberalismo, es algo más profundo, es efecto del desarrollo del capitalismo. Y si, la decadencia moral se exacerba con el neoliberalismo, porque en el fondo hay un desplazamiento de normas morales por normas de mercado. Pero hay algo más, mientras se mantengan las dinámicas de atomización social, el deterioro de los lazos sociales debidos a la falta de crecimiento económico e incremento de la desigualdad, lo que podríamos llamar “la moral neoliberal”, se va a seguir reproduciendo. Dicha moral individual consiste en ser individualistas, reducir la racionalidad a la racionalidad instrumental y el hedonismo utilitarista.

El individualismo es priorizar los intereses individuales a los intereses de grupo, de clase social, de género, etnia o de país. Reducir la racionalidad a la racionalidad instrumental es centrarse sólo en la elección de medios, y no en los valores axiológicos que guían la elección de los fines, lo cual, incluso, puede llevar a tratar a las personas como medios (cosificados) y no tratarlos como fines en sí mismos. El hedonismo utilitarista es buscar el placer intenso por medios rápidos, sencillos, que supongan muy pocos costos y esfuerzos. Es lo que lleva a las bases sociales del narco a decir “más vale vivir cinco años como rey que cincuenta como buey”, o decir “el que no tranza no avanza”.

Esa moral se ha estructurado por múltiples relaciones causales, muy complejas, que difícilmente se podrán contrarrestar con un libro escrito desde el Gobierno.

Y aquí es donde entra el segundo problema que es el contexto social en donde se va a difundir la guía. Hay que tener claro que la guía no va a poder guiar un comportamiento más ético en los ciudadanos: la estructuración de razonamientos morales es más complejo. Lo que se tendría que dar es lo que Antonio Gramsci llama “catarsis”: un momento de elevación jurídico-moral de la sociedad, el cual es producto de una discusión colectiva donde todos los sectores de la sociedad participen de manera activa respecto a definir qué tipo de sociedad se quiere: esto se lograría sólo por medio de un proceso social parecido a una constituyente. 

En México pasó en 1917, donde los derechos sociales adquirieron un estatus constitucional, probablemente esto mismo pasará en Chile con la constituyente que allá se hará (y que reemplazará la constitución de Pinochet). O quizá por medio de una revolución cultural (sin llegar a los excesos del maoísmo en China). Al final, creo que sin el contexto y proceso social apropiado, la guía va a tener severas limitaciones para guiar un cambio moral en los mexicanos.

La guía en sí misma no va a tener mucho impacto porque ahora mismo no hay el contexto social apropiado. En todo caso, se reconoce que, al menos este Gobierno aborda abiertamente el tema de la decadencia moral y que, a diferencia de los otros Gobiernos, este posicione temas éticos en la agenda pública nacional. 

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Josafat Hernández
Josafat Hernández
Economista y filósofo. Marxista-gramsciano. Apoyo crítico 4T.

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