SONIA: historia de una mujer que siempre será recordada

En el tiempo que tengo de trabajar para y con las mujeres, contando sus historias, visibilizándolas, empoderándolas o al menos intentándolo, me encuentro hoy con una de las historias que más me han inspirado en los últimos años que llevo desempeñando trabajo social. Ella es Sonia Velázquez Estrada, una gran mujer que durante 25 años se dedicó a ayudar, proteger, aconsejar, empoderar, y motivar a miles de mujeres que pasaron por sus seis escuelas especializadas en cosmetología. Tania Zepeda Velázquez, su hija, nos cuenta su historia. 

Nacida en 1953, rebelde e independiente desde su juventud. Sonia duró muchos años casada, formando así una linda familia, hasta que llegó el momento de separarse de su esposo, motivo suficiente para que Sonia se preparara y trabajara por y para  ella, y por su hija e hijo. 

Tania nos contó que siempre los motivó a salir adelante, a ser únicos y a no detenerse con nada ni por nadie, era el ejemplo más grande que ella les podía dejar.  Al ser siempre una mujer independiente y muy trabajadora, Sonia decidió iniciar con su propio negocio con el único objetivo de no depender más económicamente de nadie. Así, comenzó con una franquicia de venta de productos de cosmetología: ASPID, los cuáles tiempo después iniciaron con escuelas enfocadas al mismo tema. Así nació la primer escuela en Tlalnepantla en el Estado de México. Años después, Sonia logró tener seis escuelas en un total de 23 años: dos en la CDMX en Iztapalapa y en el Centro, tres en el Estado de México,  y una en Pachuca. 

En el camino del emprendimiento nos podemos tropezar, podemos equivocarnos y podemos repetir acciones que nos resulten positivas para el negocio; Sonia sabía muy bien esto, por eso pudo replicar sus estrategias en cada una de las escuelas que abrió en esos 25 años. Ella nunca permitió que sus negocios se cayeran o que alguna escuela quebrara; siempre estaba atenta, preocupada, y lista para levantarlas. 

Esta gran mujer siempre fue feminista, sin saber que lo era; Tania, su hija, nos cuenta como al pasar los años su madre ya no solo era empresaria, no solo dirigía cuatro escuelas, además,, empezó a darse a la tarea de ayudar, apoyar, y empoderar a muchas mujeres que lo necesitaban. Sonia, fue una ardua y nata defensora de los derechos de las mujeres , no quería que ninguna mujer sufriera de violencia económica o de cualquier tipo de violencia; que ninguna mujer permaneciera en un lugar sin ser feliz, por eso, siempre las motivaba a salir adelante, a ser independientes, y a prepararse para tener herramientas de trabajo; así comenzó a dar muchas becas de ingreso para mujeres que lo necesitaban. 

La primera mujer que Sonia ayudó, llevaba el nombre de su hija Tania, ella pasaba por un momento muy difícil en su vida. En cuanto la conoció Sonia no permitió que siguiera así, por lo que la becó, le enseñó, y la cuidó. Ahora, esta chica, también colabora en una de las escuelas. Así como este caso, la historia se repite en muchos más. 

LAS MUJERES Y SONIA 

En estos 25 años habrán pasado miles de mujeres por las escuelas de Sonia, todas y cada una son importantes y tienen una historia que contar. Por ahora te quiero contar cinco historias de mujeres que estuvieron tan cerca de ella, que serán las que continuarán con su legado de una manera u otra.

Laura Velázquez Estrada es hermana de Sonia, y es quién se encarga de la operatividad de las escuelas. Ella inició años antes que su hermana en el mundo de la cosmetología, por lo que tiene la experiencia necesaria para lograrlo. Laura me contó que no teme hacerlo, ya que además de contar con la experiencia, es un compromiso con su hermana, al no permitir que las escuelas lleguen a manos de otras personas, pues deben y quieren continuar con el legado que Sonia dejó y seguir ayudando y empoderando a más mujeres en México. 

Las escuelas a pesar de que son una franquicia, las seis que estaban a cargo de Sonia tienen una gran diferencia con las demás: la empatía y el amor que ella le ponía para con otras mujeres. Laura cuenta que además de enseñar académicamente, Sonia entablaba relaciones afectivas y cariñosas, tanto con sus alumnas, como con el personal administrativo y educativo de sus planteles. 

Antes de partir, Sonia tuvo un aprendizaje más, descubrió la facilidad de aumentar su alcance con más mujeres a través de la tecnología, esto gracias a la pandemia ocasionada por el Covid-19, y que nos obligó a todo el mundo, literal, a parar por un año y a realizar todas nuestras actividades dentro de nuestros hogares. Al describir que así se puede tener mayor alcance, Sonia no dudó en tomar la oportunidad, y ahora será algo a lo que Laura le dará continuidad. 

Constancia, trascendencia, empoderamiento, amor, y respeto, son las palabras con las que describe Laura a su hermana. 

María Cristina Zavala fue alumna de las escuelas ASPID y actualmente es cosmetóloga profesional. Mamá de tres hijos y víctima de una depresión tras haber enviudado a los 44 años. Sus hijos decidieron inscribirla en la escuela para que por fin estudiara lo que siempre había querido, pues, después de 20 años que había visitado el plantel únicamente como un sueño, ya que en ese momento la situación económica no le permitía darse el lujo de pagar la escuela de su hija y la suya al mismo tiempo; sus hijos decidieron regalarle esa oportunidad que ella, en su momento, les había dado. 

Dice María que en muchas ocasiones crees que estudiar a los 50 años ya no “tiene chiste”, sin embargo, dijo que sí algo aprendió en ASPID gracias a Sonia, es que la capacidad de aprender cosas nuevas nunca tiene un tiempo, ni límite. De igual forma, sus maestras Brenda y Paola nunca la dejaron sola: la cobijaron, empoderaron, y apoyaron siempre que ella sentía miedo de fracasar. 

El miedo y la situación económica en algún momento de su carrera educativa, fueron situaciones por las que casi “tira la toalla”, sin embargo, ni las maestras, ni Sonia, ni sus hijos, y mucho menos ella misma, permitieron que esto la venciera y así logró concluir con sus estudios. 

“Aquí soy feliz, estoy como un pez en el agua. Tengo metas, sé a dónde ir y cómo, no sé el tiempo que me vaya a tomar llegar a eso, pero sé que voy a llegar a realizar mi meta que es poner una escuela. Estar en esta escuela me dejó la lección de que cualquier obstáculo que tengamos lo podemos encarecer”. 

“Yo quiero ver a más mujeres que están logrando sus sueños, quiero seguir ayudando a otras personas, ver cómo podemos salir adelante. A veces creemos que ya no es nuestro tiempo, pero no, siempre tenemos tiempo para hacer lo que queramos”. 

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Silvia Salazar Pérez madre de dos hijos y viuda desde hace algunos años, inició sus estudios en las escuelas ASPID con el único objetivo de estar más preparada para mantener a su familia y para ella misma. Aunque en un inicio tenía sus dudas de regresar a los estudios, por muchos prejuicios y comentarios negativos que le hacían las personas más cercanas a ella, Silvia logró empoderarse, por lo que dejó de escuchar a aquellos y aquellas que no querían o no creían en su persona Esto fue una de las cosas más importantes que estudiar en esta escuela le dejó: la fortaleza y la seguridad de que todas podemos lograr lo que queramos. 

Silvia contó que desde que ingresó a su escuela es otra persona, su maestra, Brenda, y la señora Sonia, siempre la apoyaron, y siempre la escucharon, además le aconsejó a soltar sus problemas y a concentrarse en sus estudios y en su experiencia en la academia. 

“Mi esposo nunca me dejó trabajar, ni estudiar, él me decía que no quería a una mujer preparada, que quería a alguien que estuviera en su casa, de ama de casa”. Por eso, una vez que quedó viuda, a pesar de los desplantes de la familia de su esposo, Silvia no desertó jamás de sus estudios y ahora es dueña de una estética y consultorio de cosmetología. Un verdadero caso de éxito y de empoderamiento económico de la mujer. 

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¿Quién es Brenda? 

Brenda es profesora desde hace 17 años del plantel de Tlalnepantla, y es una pieza importante para el legado que Sonia dejó después de los 25 años de trayectoria. Brenda me contó que cuando ella llegó por primera vez al colegio, fue como alumna; Sonia, al ver su potencial le pidió que se quedara, convirtiéndola  en maestra. Hoy, después de 17 años, Brenda es la maestra favorita del plantel, pues, además de enseñarles las herramientas más importantes que las alumnas necesitan para lograr su crecimiento profesional, ella las empodera y escucha, tal como lo hicieron con ella, en su momento. 

“Son tantas vivencias  que es difícil elegir una sola. Voy a empezar con que tuve una gran maestra, Sonia Velázquez, ella es nuestra fundadora y siempre ayudó a las mujeres, no solo en lo laboral, si no también en lo familiar, las apoyó siempre a salir adelante.”, recordó.

Ayudar a las personas y en especial a las mujeres, siempre fue una de las principales prioridades de Sonia. Durante estos años de docencia, Brenda ha visto desfilar un gran número de mujeres que han podido sacar a sus familias adelante después de concluir con sus estudios en el tecnológico. Para todo el personal, que en su mayoría son mujeres, esto las llena de orgullo, ya que, como bien lo dicen ellas mismas, han contribuido también a elevar su autoestima y a hacerlas más seguras, y a su vez las ha llevado a desarrollarse en cualquiera de las áreas. 

“Sonia fue una persona extraordinaria con gran sabiduría y cultura, no solo en la academia y en los negocios, sino que también se preocupaba por dar empleos, y por becar a las muchachas que llegaban y lo necesitaban. Necesitamos más líderes como ella, que ayuden sin esperar algo a cambio.”.

“Algo que no se me olvida es que ella siempre me decía que nunca iba a evitar que yo creciera, siempre me decía que lo que yo creyera que era mejor para mi lo hiciera, pero yo no podía irme a otro lado, yo siempre fui leal y fiel a ella y a sus institutos. Todavía aquí estamos, haciendo lo que no enseñó.”.

Soy la persona que soy gracias a ella, tengo muchísimo que agradecerle. 

Paola Correa es hija de Brenda, y recuerda con el corazón y el alma como a sus ocho años mientras esperaba a su mamá en los pasillos de la escuela, ella ya recibía grandes lecciones de “su jefa”, como ella la recuerda. Paola, creció en los salones de la escuela de Sonia, creció escuchando sus consejos durante largos recorridos en automóvil mientras hacía sus labores administrativos y de enseñanza. 

“Un día me dijo que lo más importante del ser humano es su integridad, eso se me quedó muy grabado, me dijo: todo se puede comprar, pero la integridad no, eso lo traes. Se me quedó mucho, y hasta la fecha lo tengo, ser una buena persona aunque nadie te vea.”, recordó. 

“Ella tenía la gran habilidad de empoderarte, para hacerte creer en ti, eso nos lo inculcó, empoderar a todos y todas las que se dejen ayudar”. Todo el equipo tiene esa característica, no solo enseñar, sino también ser empáticas y poder ser parte de su solución y de sus cambios. 

Han pasado pocos meses desde tu partida, fueron muchas las personas que dejaste marcadas en tu andar, así: libre, capaz, fuerte, empoderada, feliz, y empática, siempre te recordaremos. 

Sonia falleció el pasado febrero, víctima del Covid-19.

Este es un homenaje para ti que nos dejas un gran legado, que nos dejaste una gran enseñanza, y que dejaste a muchas, pero muchísimas mujeres empoderadas y seguras de seguir su camino.

Por eso, y por todo  tu trabajo… ¡GRACIAS! 

Primavera Diaz
Primavera Diaz
Consultora en comunicación y cambio social con perspectiva de género para el sector empresarial y emprendedores de alto impacto, mujeres emprendedoras, empresas sociales, ONG´S, e Instituciones Públicas. Creadora del programa de empoderamiento económico “Mujer Libérate”. Asesora de comunicación y perspectiva de género en la Cámara de Diputados. Forma parte de la Red Feminista para la Transformación. Y lleva más de 10 años trabajando como consultora para mujeres emprendedoras.

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