Un Morena patriarcal es un Morena alejado del Pueblo

Para hacer política uno debe tener cierta claridad sobre la identidad propia y colectiva; no me refiero sólo a las palabras explícitas, sino a todo lo comunicable que termina por construir una idea de quiénes somos: valores, señales, deseos, estilos, principios, sentimientos, gesto; decisivas regularidades, a veces breves y a veces prolongadas, en la dispersión de quienes somos en el tiempo.

Es desde ahí que se hace política. Más que identidad, deberíamos hablar de identificación: es en la relación con otros sujetos como vamos integrando nociones de quiénes somos. Esas relaciones van creando voluntades colectivas que, si se hacen bien, pueden terminar creando un nuevo sentido común. Nuestro movimiento ganó, en parte, porque construimos un nuevo significado de interés general en el que la voluntad popular es fundamental.

Las identificaciones nunca son eternas. Si, por ejemplo, empezamos a identificarnos con sujetos imbuidos en discursos y prácticas patriarcales, esas relaciones afectarán la identidad colectiva; impactarán en el sujeto político del que formamos parte. La magnitud del impacto dependerá del alcance que estos sujetos tengan al interior del colectivo: si son marginales, probablemente hasta podrán transformarse en algo más positivo. Si son centrales como cuando, por ejemplo, se les nombra precandidatos únicos a la gubernatura de Guerrero, terminarán más bien imponiendo una nueva identidad al sujeto político colectivo. Se resuelve la contradicción y emerge, en este caso,  un colectivo más patriarcal que el que existía antes.

Hoy esa dolorosa contradicción todavía está en disputa al interior de Morena. Aún podemos ganar. Hablamos de una contradicción muy importante de la que nuestro partido puede surgir más patriarcal, o menos patriarcal. La disputa es clara: o ayudamos a que el centro de nuestro discurso se oriente en torno a las compañeras feministas (que sería lo más congruente con nuestros Estatutos y nuestra Declaración de Principios), o volvemos a cederle, una vez más, una parte importante del centro a varones imbuidos en violencia patriarcal. Esto último nos apartaría no sólo de los documentos formales sino también (y quizá más importante) del discurso político que ha sembrado tanta esperanza en el país: el de la reivindicación de la soberanía popular; porque sin las mujeres, sencillamente no hay pueblo. Si nuestro discurso se aleja de los dolores de las mujeres, nuestro discurso (y con él, nuestras acciones) se alejan, indolentemente, del pueblo.

Esto último es algo que no podemos permitirnos. Basta ya de medias tintas en un tema tan doloroso, tan injusto, tan arraigado. En estos momentos toca decidir, con valentía, qué parte de la contradicción queremos apoyar: la que obedece y escucha a las vanguardias feministas y ayuda así a que las mujeres se liberen para siempre de la opresión patriarcal, o la que una vez más pide y hasta exige que los dolores de las mujeres pasen a un eterno segundo plano. ¿Queremos seguir siendo parte activa o pasiva de la contradicción que duerme tranquila cediéndole a los tiranos de siempre el centro de un movimiento que hasta hoy es de libertad?; ¿o queremos, quizá por primera vez en la historia, ser parte de la solución de un problema tan profundo y doloroso como éste?

Para mí la decisión es clara: no formaré parte de ese impulso histórico lleno de varones que dicen apoyar a las compañeras hasta que es importante (o costoso) hacerlo. Yo estoy por la traición al patriarcado y a favor de la centralidad del discurso feminista en Morena. Hay que reconocer las implicaciones de que Salgado Macedonio retenga la candidatura: entre otras cosas, eso significará la revitalización del pacto patriarcal en Morena; ese pacto que se apoya tanto en un silencio displicente pero cómplice. Con esa cobarde cesión del centro discursivo emergerá un Morena más patriarcal que el Morena que hoy tenemos.

No es justo ni necesario que Salgado Macedonio sea candidato. Y por cierto: es mentira que Salgado sea un luchador social. No se puede ser un luchador social si no se lucha, también, por los derechos y la dignidad de las mujeres. Flaco favor nos hacemos olvidando convenientemente que las mujeres forman una parte esencial, y hasta mayoritaria, del pueblo de México.

Si lo seguimos olvidando, consolidaremos una institución tan patriarcal como cualquier otra. Y haríamos bien en comprender, de una vez por todas, que en una institución patriarcal no cabe la esperanza de México.

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Mercurio Cadena
Mercurio Cadena
Abogado que codea. Trabajo masculinidades desde una perspectiva basada en el concepto de hegemonía y sujeto político, y soy parte del equipo de masculinidades en transición del Instituto Nacional de Formación Política de Morena.

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